Estilo
Utiliza un lenguaje muy
directo tiene palabras fuertes como:
·
Que nadie me joda —dijo—. Ni mi papá con
sus pelotas de veterano.
·
No seas pendeja —le dijo— esos no matan a
nadie, y menos a un rico.
·
Nada —le contestó Pedro Vicario—. No más
que lo andamos buscando para matarlo.
Así que yo creí que estaban mamando gallo, muy
numerosas muestras del registro poético. Las comparaciones, metáforas e
imágenes son abundantes a lo largo de toda la novela (“El buque se fue con las
luces encendidas y dejando un reguero de valses de pianola, y por un instante
quedamos a la deriva sobre un abismo de incertidumbre, hasta que volvimos a
reconocernos unos a otros y nos hundimos en el manglar de la parranda”).
La obra presenta, por una
parte, un estilo de la información periodismo, un hecho como corresponde a una
crónica periodística que parte de un hecho real. Pero, por otra, se advierte un
estilo que intenta enmarcar los hechos dentro de lo que se ha llamado el
"realismo mágico" de la novela contemporánea sudamericana. La crónica
se convierte así, por este camino en literatura porque los hechos se mitifican,
se hacen maravillosos. Aparecen en la novela personajes provenientes del mundo
mágico de Cien años de soledad. aquel mundo, como la de que una bala atraviese
la plaza del pueblo y convierta en polvo de yeso a una imagen de un santo de la
iglesia; la diarrea padecida por Pablo Vicario en la cárcel que rebosa seis
letrinas portátiles; el pueblo al que se traslada Ángela Vicario, cuyo único
problema eran las noches de mareas altas porque los retretes se desbordaban y
los pescados aparecían dando saltos en los dormitorios, las dos mil cartas sin
respuestas escritas por Ángela a su frustrado marido y el olor al asesinado y
otras secuelas que quedan en el pueblo después del crimen. La novela adquiere así
un carácter plenamente literario próximo al de la tragedia clásica
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